Trabaja con tres colores versátiles, por ejemplo ocre, carmín y azul ultramar. Mezclados dan sombras profundas, cielos vibrantes y pieles cálidas. Al reducir el abanico, ganas velocidad, constancia y sorpresa. Cada ciudad reacciona distinto, y esa conversación cromática se vuelve tu firma cambiante y reconocible.
Registra una misma esquina en mañana, tarde y noche. Observa cómo el calor empuja sombras, cómo la humedad apaga pigmentos y cómo los neones exigen líneas más audaces. Comparar versiones enseña decisiones de valor y ritmo, y te prepara para dibujar bajo cualquier condición posible.
Escribe alrededor del dibujo como si bordaras márgenes. Intercala flechas, fechas, detalles gastronómicos y fragmentos de diálogos. La letra, con su tono personal, añade música a la escena, guía la mirada y construye continuidad narrativa entre páginas que, de otro modo, quedarían dispersas.